Cierro los ojos
al escuchar el silencio,
inspiro tu nombre
y siento la mar en el pecho,
un beso frío en la frente
un abandono en el cuerpo:
la carne no es carne, es agua
por un hondo vacío, quedo,
llega a la orilla y muere
en la antesala del sueño
donde mi cuerpo es arena
esparcida por el viento.

Publicado en Relatos